dimecres, 16 de febrer de 2011

Comentario del Romance del Duero de G. Diego. Sandra Taberner Mejías

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
 
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

Este poema de Gerardo Diego expresa, en primer lugar, la imagen que tiene del río Duero. Lo describe como algo maravilloso, significativo y bello y de tal importancia para él que merece ser apreciado; sin embargo, explica que la gente ya no lo ve así y que, sin más, ya nadie se detiene a prestarle atención alguna, menos los enamorados que aún se pasean por sus orillas. El poeta, resalta, a parte de la belleza del río, la capacidad que éste tiene siempre de seguir adelante a pesar de todo.

En segundo lugar, el poema expresa claramente el sentimiento que tiene el poeta, el deseo de poder ser como el río que siempre avanza y nunca cambia, pase lo que pase.

  • El poema consta de 7 estrofas con versos octosílabos, de los cuales riman en asonancia los pares y los impares son libres.
  • Podemos encontrar muchos adjetivos descriptivos a lo largo del poema.
  • Todo el poema en general presenta la personificación que hace el poeta respecto al río.
  • Encontramos, tambien, algunas figuras retóricas como una anáfora y una metáfora en la primera estrofa y en la cuarta y varias personificaciones.

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